VIGGO THORNE
Tanya me sorprendió al pedirme todo lo que ninguna otra mujer había pedido antes. Entramos a una taberna cálida y vieja, llena de recortes de periódico enmarcados y luces tenues. Se quitó los tacones y comió con deleite todos los platillos llenos de queso que nos ofrecieron, sin quejarse de que fuera grasoso y que nadie le dijera cuántas calorías por porción tenía.
Bebió cerveza, o eso intentó, yo tuve que terminarme el resto de su tarro que parecía más grande que su cabeza. Baila