TANYA RHODES
Las horas pasaron como un goteo constante en mi cabeza, partiéndola por la mitad. Cuando creí que me volvería loca decidí llamar a Vanessa. No sabía cuánta diferencia horaria había, pero necesitaba hablar con alguien.
—¿Qué quieres? —contestó una voz varonil del otro lado de la línea, dejándome completamente en silencio, pensando si me había equivocado de número, incluso vi la pantalla del teléfono para corroborarlo. Ahí estaba el nombre de Vanessa y una foto juntas. Regresé el te