TANYA RHODES
Entré a la casa con prisa, aún no la conocía del todo, así que comencé a deambular, pasando por el comedor, la enorme cocina y una sala amplia con muebles que parecían lo más caro que había visto en mi vida.
Estaba tan absorta en los detalles que le daban ese aire ostentoso, que tardé en percatarme de una mirada insistente que me seguía con morbo.
Fue como recordar esas noches grotescas cuando mi padrastro me vigilaba.
Giré sobre mis talones para encontrarme con un hombre maduro qu