VANESSA GARDNER
—¡¿Así que fuiste tú?! —exclamé en cuanto Tanya se confesó. No sabía quién le había dicho a la loca de Paulina lo que estaba sucediendo entre Noah y yo, hasta ese momento.
—¡Lo siento! ¡Se me salió! —respondió avergonzada a través de la línea—. ¡Por eso llamé en cuanto pude!
—Pues sus celos enfermizos de madre llegaron mucho antes que tu llamada —sentencié con rencor—. Al parecer hacen que se mueva más rápido o tal vez los usa para teletransportarse. ¡Me amenazó la perra!
—Per