VANESSA GARDNER
Como el día anterior, acompañé a Noah a su segunda ponencia. Era un hombre inteligente, que compartía su conocimiento con fluidez, dominándolo por completo. Tal vez era guapo y con un cuerpo escultural, pero… ¡por Dios! ¡Su maldito cerebro trabajaba tres veces más rápido que cualquiera!
Era fascinante conocer a alguien tan apasionado por lo que le gustaba. Los hombres que tenían algo más que una cara bonita, que en verdad lucían un cerebro privilegiado y que no solo fortalecían