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Capítulo 5: La Novena Renuncia (Parte 2)

Tome otro sorbo de café mientras intentaba mantener la calma. Ya debería estar acostumbrado, pero parecía que cada nueva renuncia conseguía sorprenderme un poco más. No porque no supiera que mis hijos eran inquietos, sino porque cada vez encontraban una forma diferente de poner a prueba la paciencia de cualquier adulto que intentara cuidarlos.

Así que no me quedo de otra más que observar a Tita esperando una explicación más completa. —Entonces… esta sería la novena niñera que renuncia —solté dejando escapar un suspiro.

La mujer no tardó en asentir mientras acomodaba algunos platos sobre la mesa. —Sí, señor.

Me permití volver a suspirar y me recosté ligeramente en la silla. Nueve. Nueve personas diferentes habían entrado a esta casa completamente convencidas de que podrían manejar a mis hijos y nueve personas diferentes habían terminado dándose por vencidas.

La verdad era que no podía culparlas completamente. Mis hijos eran maravillosos, inteligentes y tenían un corazón enorme, pero también tenían una imaginación que parecía no tener límites. El problema era que esa imaginación casi siempre terminaba involucrando bromas, planes secretos y alguna que otra situación que me hacía preguntarme como habían logrado conseguir llegar hasta ahí.

—Nueve niñeras en menos de seis meses… —susurré negando con la cabeza—. ¿Alguien piensa explicarme que está pasando aquí?

Los tres se observaron entre ellos. Ese intercambio silencioso entre hermanos era algo que conocía demasiado bien. Era como si estuvieran teniendo una conversación completa sin siquiera decir una sola palabra. Finalmente, fue Chloe quien ligeramente levantó la mano con toda la tranquilidad del mundo mientras elevaba la cabeza y dejaba su vaso sobre la mesa.

—¿Sí, princesa? —exclamé mirándola.

—Creo que tengo la respuesta —agregó con toda la inocencia del mundo.

Liam y Oliver se miraron con curiosidad. Incluso Tita parecia intentar contener una sonrisa antes de continuar limpiando la mesa. —¿Y cuál es esa respuesta?

Chloe se limitó a encogerse de hombros con una seguridad que me recordó demasiado a mi mismo. —Que les falta resistencia —soltó con la tranquilidad de alguien que estaba diciendo una verdad absoluta.

—¿A quiénes? —parpadeé.

Ella no dudó en mírame como si la respuesta fuera demasiado obvia. —A las niñeras.

Durante unos segundos nadie se atrevió a decir nada. Pero después Liam soltó una carcajada. —Muchísima —dijo asintiendo inmediatamente—. Tiene sentido.

Oliver también asintió muy serio y añadió encogiéndose de hombros. —No cualquiera puede seguirnos el ritmo.

Tras sus palabras no dudé en mirarlos a los tres completamente incrédulo. —¿Están escuchándose?

Chole simplemente recostó los brazos encima de la mesa. —Papá, no es nuestra culpa que los adultos se rindan tan rápido.

—¿Tan rápido? Chloe, algunas ni siquiera han llegado a dos semanas.

—Exacto —soltó sin más.

—¿Exacto qué? —inquirí mirándola confundido.

—Que necesitamos a alguien más fuerte.

Algunas veces el silencio lograba imponer mucho más que cualquier regaño. Y al cabo de unos segundos termine negando lentamente con la cabeza, apoyé los codos sobre la mesa y me pase una mano por el rostro. A veces olvidaba por completo que mis hijos tenían una manera muy particular de ver el mundo.

—De verdad no sé dónde voy a encontrar otra niñera que quiera trabajar aquí —agregué algo cansado—. Pero necesitan una niñera.

Los tres parecieron animarse al mismo tiempo. Pero fue Oliver quien habló primero. —¡No hace falta otra niñera!

—¿Qué no? —fruncí el ceño.

Oliver asintió convencido negando con la mesa mientras seguía desayunando. —Somos grandes. Podemos cuidarnos solos.

—Eso no significa que puedan quedarse solos —la miré.

—Además, ya tenemos nueve años. Casi diez —dijo Chloe levantando la barbilla con orgullo.

—¿Ah, ¿sí? —exclamé arqueando una ceja.

Los tres contestaron casi al unísono. —¡Sí!

—Curioso —dije mirándolos de reojo.

—¿Qué tiene de curioso? —preguntó Liam mirándome sin entender.

—Que ayer alguien olvidó una zapatilla dentro del frigorífico.

Los tres guardaron silencio casi de inmediato. Y Oliver carraspeó. —Fue un accidente.

—Y antes de ayer encontré un coche teledirigido dentro de la bañera.

—También fue un accidente —respondió Liam con una sonrisa inocente.

Dirigí mi vista hacia Chloe y ella no tardó en levantar las manos. —Yo no tuve nada que ver.

—Precisamente por esas cosas necesitáis una niñera —suspiré resignado.

—Pero sabemos hacer muchas cosas —protestaron.

—¿Cómo cuáles? —pregunté—. Como esconder mis llaves del coche.

—Eso fue una vez —soltó Liam sonriendo.

—Como cambiar las etiquetas del jardín —añadí arqueando una ceja.

Oliver levanto un dedo. —Fue una experiencia educativa.

—Como poner una araña falsa en la mesa de una niñera —solté y los tres guardaron silencio. Demasiado silencio. Así que los observé uno por uno—. Así que sí ocurrió.

—Era una araña muy realista —agregó Chloe bajando la mirada.

No pude evitar pasarme una mano por la cara. A veces tenía la sensación de que mis hijos no necesitaban una niñera. Mass bien necesitaban un equipo completo de seguridad. Pero debajo de todas esas travesuras había algo que conocía perfectamente. Mis hijos no hacían esas cosas porque fueran malos. Sino que lo hacían porque tenían miedo de encariñarse con alguien y después perderlo.

Desde que su madre ya no estaba con nosotros, cualquier persona nueva que lograba entrar en sus vidas parecía convertirse en una posible despedida. Aunque ellos jamás lo admitirían.

Cuando salí de mis pensamientos me levanté de la mesa y saqueé el teléfono del bolsillo de la chaqueta. —Voy a contratar otra niñera.

Los tres soltaron un gemido al mismo tiempo. —¡Pero papá…!

—No —levanté una mano para detenerlos.

—Pero… —los tres no tardaron en volver a quejarse.

—No voy a discutir eso. La decisión ya está tomada.

Chloe hizo un pequeño puchero. Y ahí estaba. El arma secreta que siempre utilizaba. Intenté no caer. De verdad lo intenté. Pero era mi hija. Mi pequeña. Y ella sabía perfectamente cómo mirarme para conseguir que mi determinación se debilitara. Aun así, esta vez mantuve mi postura.

—Chloe.

Ella solo soltó un suspiro. —Está bien.

—¿Te rendiste? —preguntó Liam mirándola con sorpresa.

—No —añadió ella riéndose ligeramente—. Solo estoy esperando el momento adecuado.

—Eso es exactamente lo que me preocupa —negué.

Después de eso me limité a salir del comedor mientras marcaba el número de mi asistente. Quien Luego de unos cuantos tonos contestó. —Buenos días, señor Brooks —saludó desde el otro lado de la línea.

—Buenos días, Daniel —le devolví el saludo—. Necesito que hagas algo por mí.

—Claro, señor. Dígame —exclamó siempre dispuesto.

Caminé por el pasillo acercándome a la ventana mientras revisaba algunos mensajes pendientes. —Necesitamos comenzar otra vez la búsqueda de una nueva niñera para mis hijos.

Hubo un pequeño silencio al otro lado de la línea. No hacía falta verlo para imaginar su reacción. Mi asistente llevaba demasiado tiempo trabajando conmigo como para no saber lo complicado que era encontrar a alguien que aceptara ese puesto.

—Entiendo, señor —escuché un pequeño suspiro.

—Y necesito que sea alguien con experiencia, paciencia y referencias comprobables.

—Por supuesto —dijo sin más.

—No quiero otra persona que abandone después de una semana —dije mirando de reojo a los culpables, que ahora fingían desayunar como si no hubiesen oído absolutamente nada —. Así que me gustaría entrevistar a las candidatas cuanto antes.

Escuché cómo soltaba una pequeña risa nerviosa. —Hare todo lo posible.

—¿Cuánto tardarás? —inquirí deteniéndome delante del ventanal del pasillo contemplando el jardín.

—En realidad…

—¿En realidad qué? —fruncí el ceño.

—Ya me había adelantado, señor. Después de la renuncia de la señorita Patricia imaginé que necesitaría una solución rápida, así que preparé un anuncio de búsqueda personal y lo publiqué en diferentes portales de empleo y lo envié a varias agencias especializadas.

No pude evitar asentir con cierta sorpresa y satisfacción. —Bien. Eres más rápido de lo que esperaba.

—Es parte de mi trabajo, señor —dijo haciendo una pequeña pausa y luego prosiguió—. Por cierto, ya han comenzado a llamas algunas interesadas.

—Perfecto —guardé unos segundos de silencio antes de añadir con seriedad.

Observé nuevamente hacia el comedor, donde podía escuchar las voces de mis hijos discutiendo por algo que probablemente no debía estar ocurriendo.

Miré nuevamente hacia el comedor, donde podía escuchar las voces de mis hijos discutiendo por algo que probablemente no debía estar ocurriendo. —Perfecto —guardé unos segundos de silencio antes de añadir con seriedad—. Espero que esta vez encontremos a la persona correcta. Porque de verdad necesito a alguien que no solo tenga experiencia. Necesito una persona con paciencia… muchísima paciencia.

Mi asistente se permitió hacer una pausa breve antes de contestar. —Eso espero señor, Brooks. Pero para eso tendremos que buscar a alguien extraordinario.

Después de colgar la llamada volví a observar a mis hijos, quienes ahora se encontraban cuchicheando entre ellos convencidos de que no los estaba escuchando. No tenía ni idea de si existía alguna niñera capaz de soportarlos, tampoco sabía quién sería la próxima persona que lograría entrar en esta casa. Pero si sabía una cosa. Tendría que ser alguien muy especial. Porque mis hijos no iban a ponérselo fácil. Pero aun así estaba totalmente decidido a encontrarla.

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