Durante unos segundos ninguno de los cuatro dijo nada. Los tres seguían mirándome con esa mezcla de curiosidad y desconfianza que ponen los niños cuando conocen a un adulto nuevo. Era una escena bastante curiosa. Ellos intentaban averiguar si yo era tan aburrida como las otras niñeras y yo intentaba descubrir cuál de los tres era el cerebro de todas las trastadas. Aunque, siendo sincera, empezaba a sospechar que el problema no era uno... sino los tres juntos. Separados quizá fueran adorables, p