Entré en mi despacho y dejé la carpeta sobre el escritorio. Daniel se quedó junto a la puerta mientras revisaba la agenda en su tableta, pero antes de que pudiera recordarme todo lo que aún quedaba por hacer, levanté una mano y señalé la cafetera situada al otro lado de la habitación. No había desayunado más que un café en casa y, después de la reunión con el consejo, empezaba a notarlo. Daniel entendió el gesto sin necesidad de preguntarme y se acercó a preparar una taza mientras yo encendía e