Mundo ficciónIniciar sesiónUn domingo entre De Luca
Los domingos eran diferentes en la residencia De Luca. Lo descubrí desde que bajé las escaleras aquella mañana. No era porque hubiera menos trabajo. Todo lo contrario. Los empleados caminaban de un lado a otro terminando los últimos preparativos para el almuerzo familiar. Desde la cocina llegaba el aroma del pan recién horneado, de las hierbas aromáticas y de una salsa que me hizo recordar los almuerzos que preparaba la madre de Emily cuando nos visitaba. —Hoy la casa estará más concurrida de lo normal —comentó Elisa mientras acomodaba unas flores sobre una mesa del recibidor. La miré con curiosidad. —¿Siempre se reúnen los domingos? Ella sonrió. —Siempre que sus obligaciones se lo permiten. Asentí en silencio. Había algo reconfortante en saber que, incluso una familia como los De Luca, hacía un esfuerzo por compartir una comida juntos. Noah apareció unos minutos después. Llevaba un suéter azul marino y el cabello perfectamente peinado. —Buenos días. —Buenos días, Noah. Lo observé unos segundos. —Te ves muy elegante. Bajó la mirada hacia su ropa. —La abuela dice que los domingos hay que vestir bien. Sonreí. —Entonces será mejor que no la hagamos esperar. Él asintió y caminó a mi lado hasta el comedor. Cuando entramos, casi toda la familia ya estaba allí. Isabella fue la primera en levantarse. —Buenos días, Sophie. —Buenos días. Me recibió con un beso en la mejilla, un gesto que me tomó completamente por sorpresa. No esperaba tanta cercanía. —¿Cómo te has sentido en esta casa? —Muy bien, gracias. —¿Y Noah? Miré al pequeño. —Cada día nos entendemos un poco más. Isabella sonrió con satisfacción. —Eso me alegra. El señor Alessandro de Luca levantó la vista del periódico que tenía entre las manos. —La confianza no se consigue en una semana. Su voz era firme, aunque no sonó ofensiva. Lo miré. —Lo sé, señor De Luca. —Entonces va por buen camino. Fue todo lo que dijo antes de volver a su lectura. No sabía si aquello era un cumplido. Pero viniendo de él, decidí tomarlo como uno. —No le des mucha importancia—susurró Bianca acercándose a mi lado—. Ese es su modo de decir que está conforme. No pude evitar sonreír. Cada vez entendía mejor por qué Bianca era tan diferente al resto. Era como una corriente de aire fresco dentro de aquella casa. —¿Siempre es tan serio? Ella soltó una risa. —Créeme... Lorenzo heredó muchas cosas de él. Al escuchar el nombre de Lorenzo levanté la vista. Acababa de entrar al comedor. Vestía una polera blanca casual y un pantalón oscuro. Sin el saco, la camisa, ni la corbata parecía... diferente. Seguía siendo elegante. Seguía imponiendo respeto. Pero resultaba un poco menos inaccesible. Nuestros ojos se encontraron apenas un instante. —Buenos días, señorita Collins. —Buenos días, señor De Luca. Asintió antes de ocupar su lugar junto a Noah. Noté que, sin decir una sola palabra, acomodó discretamente la servilleta de su hijo porque había quedado mal colocada. Fue un gesto pequeño. Tan rápido que cualquiera habría podido pasarlo por alto. Yo no. Porque en los pequeños detalles era donde las personas mostraban quiénes eran realmente. Durante el almuerzo hablé poco. Prefería observar. Bianca llevaba la mayor parte de la conversación. Isabella preguntaba constantemente por Noah y por mí. El señor Alessandro intervenía solo cuando lo consideraba necesario. Y Lorenzo escuchaba más de lo que hablaba. En un momento, Noah dejó el tenedor sobre el plato. —¿Puedo ir al jardín cuando termine? Lorenzo levantó la mirada. —Después del postre. —Está bien. No hubo discusiones, no hubo berrinches. Solo una respuesta sencilla. Aquello me llamó la atención. Cuando el almuerzo terminó, Noah salió al jardín con un balón bajo el brazo. Yo fui detrás de él. Mientras cruzábamos la terraza, escuché la voz de Bianca. —Sophie. Me giré. Ella caminó hasta alcanzarme. —Quería darte las gracias. Fruncí el ceño. —¿Por qué? Miró a Noah, que ya corría por el césped. —Hace mucho tiempo que no lo veía sonreír con tanta tranquilidad. Seguí su mirada. Noah no estaba riendo a carcajadas. Ni siquiera hacía mucho ruido. Pero tenía una expresión relajada. Libre. Y por alguna razón, aquello hizo que mi pecho se sintiera un poco más ligero. —Todavía nos estamos conociendo. Bianca sonrió. —Precisamente por eso tiene tanto valor. No supe qué responder, solo asentí y seguí mi camino con Noah. Pasamos aproximadamente una hora jugando fútbol. Yo pateaba y el era el portero. —¿Alguna vez has jugado fútbol en el parque? —Negó. —Ni siquiera he jugado fútbol con otros niños. Solo con el tío Mateo. —¿Y tu padre? —Papá siempre está trabajando. —Guardó silencio unos segundos —. Aveces deseo jugar en el parque como otros niños normales. —¿Quién dice que tú no eres normal? —El estar encerrado aquí —Suspira —. Ojalá algún día papá me deje salir a disfrutar como cualquier niño. Sus palabras taladraron mi mente y no pude evitar sentir unas ganas de hacer algo. El resto de la tarde la terminamos de pasar juntos hasta que finalmente llegó la hora de dormir. Luego de un gran baño en la tina, su pijama y una plática dormía plácidamente. Lo observé una última vez antes de dejar un beso en su frente y apagar las luces dejándolo descansar en su habitación. Al bajar las escaleras toda la casa se encontraba en total silencio. Camine directo al despacho del señor de Luca ya que los últimos días había aprendido que era el lugar donde se metía durante las noches. Toqué suavemente y luego de dos segundos recibí un "adelante". Abrí la puerta encontrándomelo conde pie junto el gran ventanal de espalda y sosteniendo un vaso de lo que precia ser whisky. Al girarse y verme. Sus ojos me inspeccionaron unos segundos fijamente antes de hablar. —¿Sucede algo señorita Collins? —Quisiera hablarle de Noah señor. Sus ojos rápidamente me miraron con curiosidad. —¿Qué sucede con él? —Señor...—Trate de buscar las palabras adecuadas —. ¿Existe alguna posibilidad de que pueda llevarlo al parque? Mis palabras hicieron que su semblante endureciera y las siguiente palabras salieron automáticamente. —De ninguna manera. —Señor de Luca, si me da la opor... —¡Eso no está en discusión! —Siseo de manera contundente —. No confunda las cosas. El que mi madre la haya invitado a comer en la mesa no le da el derecho de tomarse estas atribuciones porque usted es solo una empleada más de esta casa. Sus palabras hicieron que mi sangre hirviera y sin poder evitarlo respondí. —El derecho de ser mi jefe no le da derecho a ser tan bestia y faltarle el respeto de esa manera —Su mirada se endureció —. No me creo con el derecho de nada. Simplemente le consulté por el deseo que tiene Noah de hacerlo, pero si cree que por ser mi jefe puede faltarle el derecho está muy equivocado porque entonces renunció en este instante. Me gire sin darle tiempo a responder algo. Camine hacia la salida y antes de tomar la perilla de la puerta sentí como me toma del brazo de manera brusca y me gira haciendo que mi cuerpo choque contra la fri puerta. Su rostro se encuentra a centímetros del mío. Tanto que el olor a whisky invade mis fosas nasales. Sus ojos me miran fijamente, mientras su respiración es acelerada pero silenciosa. Puedo ver como su pecho sube y baja y sus labios se abren ligeramente. —Señorita Collins, aguarde por favor. No pude articular ninguna palabra. Su cercanía ha hecho que me paralice por completo y no se como mis piernas no han desfallecido. —No fue mi intención faltarle el respeto —Susurró —. Sólo que el tema de Noah es muy delicado para mí. —Eso lo puedo entender señor De Luca —Musité finalmente —. Entiendo que Noah lleva un estilo de vida diferente al resto de niños. Pero solo le hice una consulta, no estaba tomándome atribuciones de nada. —Lo lamento. —Paseo su lengua sobre sus labios humedeciéndolos y ese simple gesto hizo que mi cuerpo se acalorará —. Pero, por favor no se vaya. Su tono de voz y ese gesto estaba haciendo que me descontrolara por completo y no podía perder el poco juicio que me quedaba. Me solté de su agarre haciendo que este retrocediera. Abrí la puerta y finalmente salí sintiendo un poco de fresco regresando a mi. —Sophie —Levante la mirada encontrándome a la señorita Isabella —. ¿Sucede algo? Luces ruborizada. —No, nada señorita —Trató de sonreír —. Ya Noah se encuentra descansando, así que haré lo mismo. —Está bien. Que descanses querida. —Gracias y igual usted señorita. Me marche rápidamente por el pasillo hacia las habitaciones de los empleados. Al llegar a la mía y encerrarme en ella finalmente pude respirar con más calma. "Que te sucede Sophie, es tu jefe" Tenía que mantenerme lejos de Lorenzo de Luca o este podría hacer que pierda el juicio más rápido de lo que pensé...






