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Capítulo 7 : El Mundo De Luca

Habían pasado varios días desde mi llegada a la residencia De Luca

Lo suficiente para que la rutina con Noah comenzara a sentirse menos extraña.

Ya no tenía que preguntar cuáles eran sus horarios. Ya sabía que prefería leer después del desayuno.

Sabía que no le gustaba que cambiaran sus cosas de lugar. Sabía que, aunque parecía distante en algunos momentos, observaba más de lo que dejaba ver.

Pequeños detalles. Cosas que para algunas personas podían parecer insignificantes.

Pero yo había aprendido que eran precisamente esas cosas las que ayudaban a conocer realmente a un niño.

Noah era un niño inteligente, sensible y con una forma particular de ver el mundo.

A veces hablaba sin parar sobre temas que le interesaban. Otras veces se quedaba en silencio, como si hubiera recuerdos que todavía no sabía cómo expresar.

Y aunque nunca lo decía directamente, yo podía notar cuánto extrañaba a su madre.

Por lo poco que pude leer en Internet Lorenzo de Luca era un hombre soltero. Nunca se había casado, pero si comprometido. Sin embargo un día lo cancelo y no se supo más del tema.

La madre de Noah también era un misterio. No se sabía quien era, solo que había fallecido cuando el nacio.

Sin embargo, había algo que todavía sentía extraño.

Aunque estaba trabajando dentro de la residencia De Luca, todavía no conocía completamente el lugar al que había llegado.

Conocía a Noah. Conocía a Lorenzo.Conocía a Elisa.

Pero una casa tan grande no podía sostenerse solamente con esas personas. tenían que existir más integrantes en esta familia.

—Señorita Collins.

Levanté la mirada.

—¿Sí?

Ella sonrió ligeramente.

—Me he dado cuenta de que todavía no ha tenido la oportunidad de conocer formalmente al resto del personal de la residencia.

Miré alrededor.

Era cierto.

Había visto a varias personas durante esos días, pero siempre de manera rápida.

Alguien llevando algo a una habitación, alguien organizando una parte de la casa. Personas que estaban presentes, pero cuyos nombres todavía desconocía.

—Los primeros días fueron complicados —continuó Elisa—. Su prioridad era adaptarse a Noah y la de él acostumbrarse a usted.

Asentí.

Lo entendía perfectamente.

La relación con Noah era lo más importante.

Pero también sabía que formar parte de una casa significaba conocer a quienes la hacían funcionar.

—Creo que ya es momento.

Sonreí.

—Me parece bien.

Elisa comenzó por presentarme a las personas que trabajaban diariamente en la residencia.

La primera impresión que tuve fue que todos compartían algo en común.

Discreción.

No era simplemente que fueran personas educadas.

Era como si entendieran perfectamente que aquella casa funcionaba bajo reglas diferentes.

Cada uno conocía su responsabilidad.

Cada uno sabía sus límites.

El primero que Elisa me presentó fue Marco.

—Él coordina parte de la seguridad de la residencia.

Marco me saludó con respeto.

—Señorita Collins.

—Mucho gusto.

Su expresión era seria, pero no fría.

Me dio la impresión de ser una persona que observaba antes de hablar.

Algo que, curiosamente, parecía ser una característica bastante común dentro de esa casa.

Después conocí al equipo encargado de la cocina, mantenimiento y organización de la residencia.

Todos fueron amables conmigo.

No exageradamente cercanos, pero sí respetuosos.

Y eso me hizo sentir más tranquila. La residencia De Luca era enorme.

Podía parecer intimidante,pero entendí que eran las personas que trabajaban allí quienes le daban cierta sensación de hogar.

—Es curioso —comenté mientras caminábamos junto a Elisa.

Ella me miró.

—¿Qué cosa?

—La casa parece muy silenciosa, pero hay muchas personas haciendo que todo funcione.

Elisa sonrió.

—Esa es precisamente la idea.

Me quedé pensando en sus palabras.

En esa casa nada parecía ocurrir por casualidad.

Esa misma tarde noté un cambio en el ambiente.

Había más movimiento.

Más voces.

Más personas entrando y saliendo.

—¿Ocurre algo? —pregunté.

Elisa me miró.

—La familia está regresando.

"La familia"

Hasta ese momento, cuando escuchaba esas palabras supe que el apellido De Luca era mucho más grande.

Y en unos minutos iba a conocer a las personas que habían formado parte de la vida de Noah mucho antes de que yo llegara.

Intenté mantener la calma.

Cuando llegué al salón principal, Lorenzo ya estaba allí.

Pero algo en él era diferente. No porque hubiera cambiado.

Seguía teniendo esa presencia que llenaba una habitación.

Seguía siendo serio, controlador y difícil e leer.

Pero verlo junto a su familia hacía que pareciera menos distante.

A su lado estaba una mujer joven con una expresión tranquila.

—Señorita Collins, ella es Isabella De Luca, mi hermana.

La mujer me sonrió.

—Mucho gusto, Sophie.

Su forma de recibirme me sorprendió. Esperaba sentirme observada, analizada, pero con ella no sentí eso.

Sentí una bienvenida.

—El gusto es mío.

Ella sonrió.

—Espero que podamos conocernos mejor.

Después dirigí mi mirada hacia el hombre que estaba cerca de Lorenzo.

Su presencia era diferente, más fuerte, más seria.

No necesitaba que nadie me explicara quién era. Había algo en él que transmitía autoridad.

—Mi padre, Alessandro De Luca.

—Mucho gusto, señor De Luca.

Él me observó durante unos segundos. No fue una mirada desagradable.

Pero sí una mirada que hacía sentir que estaba intentando comprender quién era.

—Así que usted es quien está cuidando de Noah.

—Sí, señor.

Asintió lentamente.

—Es una gran responsabilidad.

—Lo sé.

Antes de que el silencio se hiciera más largo, Lorenzo habló.

—La señorita Collins entiende perfectamente esa responsabilidad.

Lo miré por un instante. No esperaba que interviniera y aunque su expresión seguía siendo seria, aquel gesto no pasó desapercibido para mí.

Entonces apareció un hombre más joven.

Su energía era completamente diferente a la de Lorenzo.

Más intensa, más impulsiva.

—Matteo De Luca, mi hermano—dijo Lorenzo.

Matteo me observó con curiosidad.

—Así que tú eres Sophie.

No sonaba desconfiado. Más bien parecía estar intentando descubrir qué clase de persona era.

—Mucho gusto.

Él asintió.

—Igualmente.

Finalmente, la mujer que estaba junto a Lorenzo se acerco y por su porte y presencia no necesitaba presentación.

Era elegante, refinada y tenía una presencia que no necesitaba esfuerzo.

Pero lo que más llamó mi atención fue la manera en que miraba a Noah.

Había amor, protección y cuidado.

—Sophie, —Su voz era cálida —. Me alegra conocerte.

—El gusto es mío, señora De Luca.

Ella sonrió.

—Bianca está bien.

Después miró hacia Noah.

—No sabes cuánto significa para nosotros saber que se siente cómodo contigo.

Sus palabras me sorprendieron. Porque entendí que Noah no era solamente un niño al que cuidaba.

Era el corazón de esa familia.

Elisa apareció para darles aviso que l mesa ya se encontraba lista para ellos.

—¿Nos haces el honor de acompañarnos? —Preguntó la señora Bianca —. Así nos cuentas un poco más de ti.

Dude, pero no podía negarme ante uno de los pilares de esta familia. Asentí y les seguí el paso al gran comedor.

Al llegar, Mateo se adelantó ayudándome a tomar asiento y le agradeció con un simple y cálido gracias.

Observé los ojos de Lorenzo de Luca sobre mi, pero me negaba a mirarlo de alguna manera.

Al principio me sentí fuera de lugar. Era extraño sentarme en la misma mesa que una familia a la que apenas estaba comenzando a conocer.

Pero Isabella finalmente rompió el hielo.

—¿Qué nos cuentas de ti Sophie? —Preguntó curiosa —. No hablo de lo laboral, si no de algo que sea mas tú.

—Pues, estoy tratando de terminar mi carrera universitaria para poder ejercer mi profesión.

—¿Qué estudias? —Preguntó Bianca.

—Maestra de preescolar con especialización en el desarrollo de los niños.

—¿Quieres ser maestra? —Preguntó Mateo y asentí —. ¡Wao! La mayoría desea ser doctora, abogada y esas cosas.

—Me gustan los niños y todo lo que tenga que ver con su desarrollo.

Noah me observó y sonrió.

—¿Y tus padres?

La pregunta de Isabella rápidamente me desarmó y pareció notarlo porque en su rostro vi el arrepentimiento rápidamente.

La mirada de todos cayó en mi y finalmente suspiré tomando el valor para responder.

—Crecí en un orfanato. No tuve la oportunidad de conocer a mis padres.

—Perdón —Musitó Isabella —. Suelo ser un poco indiscreta en ocasiones.

—No se preocupe —Sonreí apenas —. No tiene de qué disculparse.

Mateo de Luca tomó la voz y con ella el rumbo de la conversación cambiándola.

Durante la cena observé más de lo que hablé.

Vi cómo Bianca lograba sacar pequeñas reacciones de Lorenzo que yo nunca había visto.

Vi cómo Isabella estaba pendiente de Noah y  cómo Matteo, aunque tenía un carácter más fuerte, mostraba una lealtad absoluta hacia su hermano.

Vi cómo el señor Alessandro mantenía una postura seria, pero su atención nunca estaba lejos de su familia.

Y vi algo que me llamó especialmente la atención.

Lorenzo era diferente con ellos.

Detalles que mostraban una versión de él que yo todavía no conocía.

Cuando esa noche caminé de regreso a mi habitación, entendí algo.

Esta familia era muy diferente a lo que se podía leer en un simple artículo de internet...

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