49 - Sexo ante Dios y los Santos.
El día había sido agotador, lleno de preocupaciones que me seguían como una sombra mientras caminaba por los largos pasillos del hospital. Cada paso era un recordatorio constante de la confesión de Roman la noche anterior, una confesión que había dejado mi mente y mi corazón en un estado de confusión y agitación constante. Su voz resonaba en mis oídos, sus palabras llenaban mi mente, y su presencia se imponía en cada uno de mis pensamientos.
Llegar al convento era un alivio, un refugio tranquil