85 - No vales la pena.
— ¿Qué se siente ver morir a tu mujer frente a tus ojos? — cuestionó con altanería Marta.
Vladimir no paraba de mirarla. Estudiar sus movimientos. Sus nudillos se volvían blancos por la presión que ejercía en su arma. Él, más que nadie, quería matarla.
— Yo conseguiste el suero. ¿Qué más quieres? — pregunté —. ¿Él es otra de tus marionetas?
Aquella pregunta molestó al hombre al que ninguno de los dos conocía.
— Soy su esposo — Se auto presentó el imbécil.
— Así que por esta deformidad me has ca