Capítulo 48 Señora Celis
Leónidas se preguntó lo mismo que Ariana: ¿qué demonios hacía él allí?
Al principio, se había dirigido a la oficina; incluso pensó en ir a ver a Talina para reclamarle lo que había hecho, pero eso sería añadir más leña al fuego sin saber aun de dónde había salido la orden. Casi por impulso, le indicó al chofer la dirección del hospital.
Al estacionarse, bajó del vehículo y observó desde la distancia a Ariana, discutiendo con Eduardo Winter. Se acercó sin que lo vieran, movido por la curiosidad de saber lo que tenían que hablar.
Hasta ese momento, se había mantenido distante. No quería que ese pequeño ratoncito se hiciera ilusiones con él. Sin embargo, al llegar, escuchó casi toda la conversación. Fue imposible no hacerlo, dado el tono de voz de Eduardo; era lo suficientemente alto como para que cualquiera que quisiera escuchar lo hiciera de buena gana.
Desde que entro en la familia Celis, Leónidas entendió que ninguna persona sometida al veneno que emitían per