Cuando regresé a casa, papá ya sabía que Gabriel había ido a buscarme.
Tenía el ceño fruncido; rara vez lo había visto tan enojado.
—Me dijeron que Gabriel se atrevió a sujetarte por la fuerza.
Sonreí y negué con la cabeza.
—No fue tan grave. Solo vino a hablar del acuerdo de divorcio. Además, el guardaespaldas ya lo echó. Vamos, no te enojes.
La aparición de Gabriel no fue más que un pequeño incidente.
Para impedir que volviera a encontrarnos, papá y yo incluso nos mudamos. El proceso judicial