Tras unos segundos de desconcierto, me levanté para marcharme.
Gabriel me sujetó del brazo e intentó atraerme hacia él. Forcejeé hasta conseguir liberarme.
—Lo nuestro terminó. ¿Qué demonios quieres?
Sacó una copia de nuestro acuerdo de divorcio y volvió a hacerla pedazos delante de mí.
—Todavía no hay una sentencia de divorcio. Seguimos casados.
Lo miré con rechazo.
—Puedes romper todos los documentos que quieras. Si sigues negándote, solicitaré el divorcio por la vía judicial. No necesito tu c