El sonido del teléfono fue un tajo de realidad que rasgó la atmósfera eléctrica del pasillo. Daniel se separó, recuperando esos centímetros de distancia que devolvían al CEO de Obsidian a su lugar, aunque sus ojos todavía conservaban un brillo metálico, una intensidad que no se borraba con la misma facilidad que el contacto físico.
Victoria se quedó allí, con los labios todavía pulsando bajo el eco del beso y la respiración atrapada en la garganta. Daniel consultó la pantalla; fue un gesto fu