La penumbra del departamento solo era interrumpida por el parpadeo lejano de las luces de la ciudad, esas mismas que Victoria vigilaba desde el ventanal con una fijeza casi obsesiva. El sedán oscuro seguía allí, una mancha de tinta estancada sobre el pavimento, esperando un error, un movimiento, una salida.
Cuando el sonido metálico de la cerradura rasgó el silencio, el instinto de supervivencia de Victoria se disparó. No lo pensó; sus dedos se cerraron con fuerza alrededor del mango del cuch