La luz pálida del amanecer comenzaba a filtrarse lentamente por los grandes ventanales de la habitación del hospital, disipando las sombras que habían gobernado las últimas horas.
Había sido una noche larga.
Demasiado larga.
Las horas habían transcurrido en un goteo agónico entre silencios sepulcrales, médicos entrando y saliendo con semblantes herméticos, y una incertidumbre constante que parecía haberse instalado firmemente en cada rincón del pasillo de cuidados intensivos.
Victoria d