Una semana después, Grupo Rivera comenzaba a parecer una empresa distinta.
No mejor.
Todavía no.
Pero sí indiscutiblemente distinta.
Las auditorías internas continuaban sin tregua a puerta cerrada. Los contratos comerciales del último año estaban siendo revisados minuciosamente, uno por uno, y varios departamentos enteros habían descubierto con sorpresa que ciertas prácticas consideradas "normales" bajo la gestión anterior ya no serían toleradas bajo ninguna circunstancia.
Aquella reestruc