Veinte minutos después, Lex y el entrenador personal regresaron al gimnasio con un bocado en las manos y los vasos de café rellenos. La primera imagen que encontraron al cruzar la puerta fue a Daniel y a Victoria plantados exactamente en el centro del área de entrenamiento, manteniendo la misma intensa cercanía.
El entrenador observó detenidamente la escena, evaluando la postura de ambos.
—Bueno, parece que todo está bajo control y marcha bien —comentó el hombre, aliviado.
—Sobrevivieron