La mañana transcurría tranquila en uno de los gimnasios privados de la mansión. El sonido rítmico y sordo de los guantes golpeando el saco de boxeo resonaba de forma constante en el amplio espacio, mientras Victoria seguía con atención las indicaciones de su entrenador personal.
—Mantén la guardia arriba, no la bajes —instruyó el hombre, marcando el compás.
Victoria lanzó otro golpe directo, sintiendo el impacto en los nudillos.
—Así, mantén el ritmo.
—Menos fuerza en el hombro, Victori