Cuando abandonaron el parque, el sol ya se encontraba bastante más alto en el cielo, disipando la bruma matutina. La mañana se había transformado lentamente en una tarde sumamente agradable, fresca y luminosa, perfecta para prolongar la jornada.
Victoria seguía sujetada con naturalidad al brazo de Daniel mientras caminaban a paso lento por el sendero que conducía hacia el estacionamiento. El murmullo de las hojas bajo sus pies marcaba el ritmo de sus pasos.
—Me gustó —admitió ella de repente,