Continuaron caminando por el sendero, y el sonido de las hojas secas crujiendo suavemente bajo sus pasos se convirtió en la única música de fondo. Una brisa fresca y repentina agitó algunos mechones rebeldes del cabello de Victoria, obligándola a acomodárselos detrás de la oreja. El aire de la tarde olía a tierra húmeda, a madera y a un otoño incipiente.
Por primera vez en mucho tiempo, Daniel parecía no tener absolutamente ninguna prisa por llegar a ningún lado.
Y aquello, en el universo c