Cuando regresaron a la mansión, el sol comenzaba a descender lentamente sobre los jardines, proyectando sombras alargadas y doradas sobre el césped pulcro. Apenas cruzaron la entrada principal, Berenice apareció desde el gran salón como si hubiera estado vigilando la puerta durante horas enteras, esperando su llegada. Y, conociéndola, probablemente lo había hecho.
Sus ojos astutos recorrieron primero a Victoria, analizando su postura, luego se desviaron hacia Daniel y finalmente regresaron a