El sonido de unos pasos ligeros y apresurados interrumpió la fría calma que había quedado en el desayuno.
Ambos giraron la vista al mismo tiempo hacia la entrada del comedor principal. Isabel acababa de entrar al lugar, rompiendo la tensión flotante. Llevaba una carpeta beige bien sujeta bajo el brazo y varios cuadernos de dibujo que, por el brillo de sus portadas, parecían completamente nuevos. Su expresión era inusualmente alegre, radiante, desentonando con el ambiente severo que Daniel y Vi