El miedo, una descarga fría y eléctrica, le atravesó el cuerpo de inmediato. Reconoció demasiado rápido la urgencia de los movimientos, la fuerza bruta del agarre y la horrible intención de arrastrarla hacia la penumbra de las filas de autos. Era un intento de secuestro. Victoria reaccionó con la adrenalina a flote, forcejeando con uñas y dientes, plantando los tacones en el suelo de concreto.
—¡Suéltenme! ¡Suéltenme! —gritó, intentando llamar la atención en la zona semivacía.
Uno de los ag