Daniel repitió el nombre de la empresa con una amargura que llenó cada rincón de la oficina.
—¿Crees que me interesaría comprarla? —preguntó Daniel, con una mueca de desdén—. Mi padre rompió lazos con ellos por traicioneros. Su quiebra es bien merecida; el mundo de los negocios no perdona la falta de lealtad.
Lex soltó un suspiro, recostándose en la silla y mirando al techo como si tratara de recordar detalles de un pasado lejano.
—Es una lástima, tenían buenos activos —comentó Lex—. Me p