Daniel no respondió. No necesitaba hacerlo. En su mente, la imagen de Victoria contra el ventanal, entregándose a él con esa mezcla de fuego y desesperación, seguía demasiado fresca. El pensamiento de que otro hombre, incluso su mejor amigo, pusiera sus manos sobre ella le provocó una punzada de algo que se negaba a llamar celos, pero que se sentía igual de amargo.
Sin perder tiempo, Daniel tomó su teléfono personal y le envió un mensaje rápido a Julián: "Intercepta a Victoria antes de que sa