La recepción continuaba envuelta en un lujo que rayaba en lo asfixiante, donde cada detalle parecía diseñado para ocultar las grietas de una unión forjada entre secretos y orgullo. Las copas de champagne se llenaban con una cadencia mecánica mientras la música suave envolvía a invitados que celebraban, con una hipocresía ensayada, la alianza de dos apellidos destinados a la colisión.
Victoria, buscando un respiro de la farsa, se refugió en la terraza exterior de la mansión. El aire fresco de