El auto se detuvo con suavidad frente a la escalinata de la mansión. Daniel bajó primero, seguido de Julián, quien ya venía repasando mentalmente los pendientes de la tarde. Daniel avanzó con el paso firme de quien lleva el peso de una decisión irreversible, pero apenas recorrió unos metros, sus zapatos se clavaron en el pavimento.
Se detuvo en seco.
En el jardín lateral, bajo la sombra fresca de los sauces, Victoria estaba sentada junto a Mónica. Había algo en la escena que no encajaba con