La doctora terminó de vendar el brazo de Victoria con precisión quirúrgica.
—Listo —sentenció, mientras garabateaba una receta con rapidez—. Solo algunos medicamentos para evitar infecciones y nada de esfuerzo que pueda abrir tus heridas. Debes descansar.
Victoria asintió con un agradecimiento seco mientras la médica abandonaba la habitación. En cuanto la puerta se cerró, Victoria se puso de pie. No hubo dudas, ni más reproches verbales. Sacó su teléfono, lo desbloqueó con un movimiento flu