Daniel miró a la doctora con una frialdad que cortó en seco cualquier intento de coqueteo residual.
—Doctora, no soy yo quien necesita revisión —sentenció, su voz resonando con una autoridad que no admitía distracciones.
La doctora finalmente desvió la vista hacia Victoria, y fue entonces cuando la realidad de la escena la golpeó. Notó las manos entrelazadas con fuerza, la cercanía física que desafiaba cualquier protocolo de espacio personal y, sobre todo, la tensión protectora en los hombr