La casa de Carlos se sentía como un refugio diseñado para resistir tormentas. Era amplia, de líneas limpias y materiales sólidos, pero carecía de la pomposidad dorada que asfixiaba la mansión de los Rivera. Aquí, el lujo no era un arma, sino una comodidad silenciosa y ordenada.
Victoria recorrió el pasillo con pasos lentos, el eco de sus zapatos sobre la madera siendo el único sonido que reclamaba su presencia. Abrió una puerta, luego otra, hasta que eligió una habitación que daba al jardín tr