Siete días habían sido suficientes para que el nombre de Victoria se desvaneciera en los pasillos de Obsidian, pero no para que Lilian Rivera aprendiera a respirar bajo el peso de su nueva realidad.
Caminar por la plaza más exclusiva de Valemont se sentía como desfilar por un escenario donde todos conocían su guion menos ella. A su lado, Carlos —siempre pragmático y enfocado en la logística del poder— revisaba mentalmente la lista de una gala que prometía ser el evento del año.
—¿Y todas