Victoria dio un paso hacia el escritorio, acortando la distancia física para equilibrar el poder.
—No creo que esté en posición de cuestionarme, señor Meléndez. Usted tampoco fue exactamente honesto.
Daniel entrecerró los ojos, su mandíbula tensándose visiblemente.
—No te mentí.
—Igual que yo, usted también omitió lo suficiente —replicó ella, su voz ganando una firmeza gélida—. Y en nuestro mundo, eso también cuenta como engaño.
El aire entre ellos se volvió irrespirable. Dos versione