50. NEGOCIAR
[FRANCESCO]
El silencio vuelve a caer en la sala, pero no es un silencio tranquilo: es como el zumbido de un motor al límite, esperando estallar. Siento cómo la adrenalina me recorre todavía, no por la pista esta vez, sino por lo que acabamos de arriesgar.
Me paso una mano por el rostro, intentando calmarme. Sofía sigue con la tablet abierta, los dedos tensos sobre la pantalla. No dice nada, pero la conozco: está calculando cien escenarios a la vez, todos con finales distintos, ninguno completa