—No debes sentir nada, Eva —susurra, acariciando con suavidad mi cabello—. Opa está con mi madre, y ambos están fascinados con el pequeño Niklaus.
—¿Eso es bueno? —pregunto despacio, temiendo la respuesta del alemán—. Tu padre… Kuno… ellos no quieren…
—No me importa. Aun si todos estuviesen en desacuerdo conmigo, no me importaría, Eva. Quiero estar contigo y con el bebé —responde, estrechándome entre sus brazos—. Te amo.
Esas dos palabras me sacuden por completo.
Escucharlas por primera vez de a