—Estás más hermosa que ayer, ¿es normal? —susurra, posando con delicadeza su mano en mi rostro. Me inclino y beso su palma, cálida, firme, como su voz cuando me llama.
—Eva —dice mi nombre, y vibra algo dentro de mí.
—Te quiero, Nikolaus —confieso con una sonrisa apagada, cargada de un pesar que no puedo disfrazar—, pero no podría soportar que tu familia te rechace por estar conmigo. Tu hermano ya lo sabe… que estoy embarazada… y es solo cuestión de tiempo antes de que ellos se hagan preguntas,