Farid.
DESEO.
Esperé unos segundos, pero cuando Alana abrió la puerta, mi preocupación aumentó en desmedida.
Apreté la mandíbula duramente y solo pensé que era un delito verse como ella. Y se suponía que venía a darle estabilidad y equilibrio, no a mostrar mi deseo de forma descarada, mientras mis ojos la recorrieron entera en esa camiseta blanca, que parecía de algún hombre.
Sin embargo, esa parte de mi cerebro no se activó como quería, lo único en que podía concentrarme era en que esa misma c