Alana.
FRACTURA.
Nos hicieron pasar a una mesa larga, elaborada y diseñada para esta ocasión, y en cuanto me puse de pie, esperé saber dónde se iba a sentar el príncipe, para colocarme lo más lejos de él.
Sabía que tenía un pensamiento absurdo, que mi mente estaba en otra lógica, y que era una tonta por revelarme ante el plan. Pero era como si la sangre en mis venas se hubiera convertido en celos líquidos.
Noté como el príncipe caminó para sentarse en la punta de la mesa, y no fue difícil ca