FARID.
AKRAM.
Colgué la llamada y dejé el teléfono sobre la mesa, para recostarme en el asiento y apretar los ojos. Eran los ocho de la noche y aún tenía mucho por hacer, pero cuando mi madre entró en el despacho, supe que por ahora estaba finalizado el trabajo.
—Si no vengo… te quedarás aquí hasta media noche, tal y como lo ha hecho todos estos días desde que Alana se fue… —tomé un suspiro y sonreí de medio lado.
—Prefiero mantener mi cabeza ocupada.
—Pero no así, además, llegará en cualqu