Lorenzo
El resto del vuelo pese a los inconvenientes causados por cierta pequeñita con un genio endemoniado se hace en un silencio que pesa más que el propio avión. María de los Ángeles se ha quedado rendida de nuevo luego de desatar un nuevo caos delante de cien personas, acurrucada en el asiento con la manta que le ha facilitado una de las azafatas hasta la nariz, vencida por el berrinche y el cansancio del llanto.
Yo sigo sentado en mi asiento, con la pantalla de mi ordenador portátil abiert