Tom.-
Desde la cama del pequeño motel barato y mal oliente observo salir del baño al espécimen que elegí para disminuir un poco mi estrés.
Lo observo a detalle es rubio, sí, tiene un cuerpo atlético, también, tiene barba es casi perfecto, pero no es…él.
Y es lo más frustrante, aún no es momento para poner en marcha mi plan. Después de que apareciera el cadáver del idiota de Benjamín todo se vino abajo; los imbéciles no acataron bien la orden de DESAPARECERLO.
Ahora nadie tiene que decirme que soy el primer sospechoso, la policía me busca, el estúpido hermano de Damián también, por eso tengo que recurrir a ocultarme en estos cuchitriles de mala muerte.
— Mi dinero guapo –exige mi joven amante de una noche, un poco decepcionante a mi parecer creo que mejor coge Hynes pero algo es algo.
— Tarifa mínima, muñeco ya que no hiciste el trabajo bien –tomo unos billetes y se los lanzo a la cara, frunce sus labios mirándome enojado–. ¿Qué tienes mucho que aprender niño?
— ¿Aprender yo? Cre