ISABELLE
Me desperté sobresaltada, con la cabeza palpitando como si alguien me hubiera dado un martillazo.
En cuanto abrí los ojos, mi visión se volvió borrosa.
Estaba en el suelo... sobre un colchón.
Hice un gesto de dolor al intentar incorporarme.
Miré a mi alrededor y vi que estaba en una habitación pequeña.
Había una mesa y una silla, y el resto de la habitación estaba vacío.
Podía ver un inodoro al fondo de la habitación.
Había una pequeña ventana en la pared y una puerta.
«¿Dónde estoy?», la pregunta resonaba en mi cabeza.
No estaba atada, pero la ausencia de ataduras no me hacía sentir menos atrapada.
Mis manos temblaban mientras me levantaba de la cama, y mis pies descalzos tocaban el frío suelo de madera que crujía bajo mis pies.
«¿Hola?», mi voz resonó en las paredes, hueca y desesperada.
«¿Qué quieres de mí?».
«¿Quién eres?», pregunté... pero no obtuve respuesta.
El silencio era denso y sofocante.
Silencio. Un silencio denso y sofocante.
Di un paso adelante, con las pi