Capítulo 56 —La Heredera de las Sombras
El invierno en la costa este de los Estados Unidos no conocía la piedad. Era un frío industrial, un frío que sabía a acero, a escape de motor y a ese aroma metálico que desprende el dinero cuando se mueve en grandes volúmenes. Alessia permanecía inmóvil frente al inmenso ventanal de las oficinas centrales, observando cómo las luces de los muelles de Nueva Jersey empezaban a parpadear bajo un cielo color plomo que amenazaba con una nevada sucia.
Hacía apena