Capítulo 31 —El Juego de las Máscaras
El teléfono de Enrico vibró sobre la mesa de nogal con un zumbido seco, un sonido que en el silencio sonó como un disparo. Enrico observó el identificador y sintió un peso gélido instalándose en la boca de su estómago. El Diablo no llamaba para charlar; llamaba para marcar territorio, para recordar quién movía los hilos en el tablero europeo.
—Conti —respondió Enrico, endureciendo la voz, recuperando instantáneamente esa máscara de frialdad que su apellido l