Capítulo 26 —La Calma y la Confesión
El silencio que siguió al estallido del placer era denso, cargado del olor a sexo y sudor que impregnaba las sábanas de seda. Enrico se mantuvo sobre ella unos segundos más, con la frente apoyada en el hombro de Alessia, escuchando cómo ambos corazones intentaban recuperar un ritmo normal.
De repente, como si un rayo de realidad lo golpeara, Enrico se incorporó sobre sus codos. Sus ojos fueron de inmediato hacia las muñecas de ella, todavía sujetas al cabezal