Capítulo 25 —Invasión y Deseo
El eco del clímax de Alessia aún vibraba en las paredes de la habitación cuando Enrico se incorporó. No se alejó; se mantuvo entre sus piernas, observándola con una intensidad que quemaba más que cualquier contacto físico. Alessia estaba allí, desarmada, con la respiración errática y la piel encendida, procesando el terremoto que él acababa de provocar en su cuerpo.
Enrico se movió con la parsimonia de un depredador que sabe que la presa ya no tiene intención de hui