Una vez David y Jenna se encontraron cómodamente sentados en sus respectivos asientos, el jet privado despegó con suavidad, dejando atrás el aeropuerto y conduciéndolos hacia una aventura que prometía ser inolvidable.
Sentada en la cabina, Jenna miraba a través de la ventana, observando cómo el paisaje se alejaba a toda velocidad, mientras David, tomándola cálidamente de la mano, no podía dejar de mirarla con una mezcla de emoción y amor.
—¿Qué piensas? —preguntó David, acariciándole suavemente