El último día en la isla fue tan mágico como los seis anteriores.
Jenna se despertó con el sonido de las olas y el sol brillante iluminando cálidamente la habitación, descubriendo que David ya estaba despierto y la miraba con una sonrisa.
—Buenos días, mi amor —dijo él, antes de darle un suave beso en los labios—. ¿Cómo has dormido?
—Muy bien —respondió ella, estirándose con pereza—. Pero no quiero que este viaje termine.
David sonrió y suspiró.
—Yo tampoco, cariño —admitió—, pero aún tenemos t